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EL HOYO : Nota de lectores, Insensibilidad Gerencial a Rajatabla

Reflexión sobre una pequeña ilusión quebrada durante la Fiesta de la Fruta Fina de enero de 2oo9


Los seres humanos somos una maravilla. Estoy convencido. Si nos observamos detenidamente, nuestro cuerpo es como el de un sutil robot, al que manejamos con altísima precisión desde el centro de nuestra cabeza. Somos capaces de hacer toda clase de cosas maravillosas, con una motricidad fina admirable.

Ahora, lo que no siempre es una maravilla, es lo que los seres humanos elegimos. Muchas veces elegimos actitudes y conductas dañinas, que están muy lejos de ser una maravilla.

Por deformación cultural, dentro de un mundo que invita de continuo a la voracidad, a la ventaja mercantil inmediata y el egocentrismo, muchas veces, muchos, elegimos equivocados, el camino dañino. El bien se distancia del mal sobre la débil cuerda que separa lo bondadoso de lo dañino. Quebrar la inocencia, romper la ilusión, robar la expectativa de un niño, por rigor de cumplimiento normativo, es evidentemente dañino. Lo he podido comprobar en los húmedos ojos de mi hija, estos pasados días de fiesta local.

Cuando El caluroso y soleado viernes pasado... a eso de las cinco de la tarde paré a cargar nafta en la estación de servicio del Hoyo, algo antes de que se iniciara la fiesta, mi hijita de 5 años, Agua de los Milagros, me rogaba que la llevara a los juegos que visiblemente estaban en funcionamiento dentro del predio. Me acerqué, pedí permiso a los chicos que atendían la entrada para pasar un ratito a los juegos con la nena, y sin dudarlo, me dejaron pasar. Aguita gozó así la primer feliz vuelta en calesita de su vida, y al bajar me rogó y me comprometió a que la volvería a llevar al día siguiente.

Yo no soy afecto a las fiestas. Seguramente sea un bicho raro, pero para mi la fiesta más grande es estar en calma y alegría en la tranquilidad de mi casa, con mi familia. Por eso rara vez voy a fiestas. Además, evito los amontonamientos ya que me desagradan. Sin embargo, puedo entender la lógica fascinación que siente un niño ante la presencia juegos y calesitas, aunque sean rústicos, cosas que rara vez tienen para gozar en nuestra zona.

El sábado a eso de las cinco de la tarde, en casa Aguita se comenzó a arreglar solita. Eligió las prendas que más le gustan, se puso un collarcito, un lindo prendedor para su pelo y me pidió que fuéramos a los juegos. Yo había confiado que lo olvidaría, pero no, allí estaba ella, lista para ir a la calesita, muy bien vestidita.

Pasamos antes por lo de unos amigos, que también hacían una fiesta. Muy distinta a la que ocurría en el poblado. En esa fiesta no solo no se cobraba entrada, sino que además, todos salían con un regalo. Luego de la corta visita a nuestro amigo, zarpamos para el poblado. Había bastante más gente, pero estaban los mismos chicos atendiendo en las entradas. Al igual que el viernes, pero ahora con una criatura vestidita para la ocasión, me acerqué a pedir permiso para estar otros veinte minutos en los juegos con Aguita. Con cierta angustia y desazón los chicos me miraron y me dijeron que no podía pasar. Que habían recibido la orden de no dejar pasar a nadie sin entrada, ni un minuto.

Entendí con claridad que no era cosa de ellos y que estaban obligados. Con Aguita nos miramos, le expliqué, fácilmente entendió la estafa y la dañina miserabilidad imperante, pegamos media vuelta, y nos volvimos a casa. Ella misma en el camino de vuelta, reflexionando en su pequeña gran dignidad me dijo consolándose: ¨si son así, no quiero estar allí¨.

Quebrar la inocencia, romper la ilusión, robar la expectativa de un niño por rigor de cumplimiento de normas mercantiles es dañino.

Semejante a las Empresas, que muchas veces tienen presas a las personas sofocándolas con rigores y normas estrictas de cumplimiento, nuestros ¨gerentes¨ locales, conducen continuamente las cosas a su extremo, pareciera en una suerte de ¨gozo¨ por hacer sentir mal a los demás con insensatas imposiciones, resultantes de la monetaria deformación cultural a la que están por entero sometidos, y a la cual pretenden ¨ajustar¨ a toda nuestra comunidad. Como el hombre sigue siendo siempre una maravilla llena de sorpresas, quizá... tal vez... en algún momento estos orgullosos caballeros y damas gerenciales que nos conducen, se decidan por abandonar definitivamente las actitudes dañinas, y elijan lo creativo y bondadoso. La comunidad observa y espera, confiando que ello llegue.

Hay un bello lugar al norte, no tan lejos, con gente intensamente dedicada a la niñez a gran escala, cuyo lema dice: El futuro son los niños. Usualmente encontramos vecinos vistiendo esas remeras. Y es verdad ese lema, porque el futuro son los niños. De un modo paradojal y contrastante, pareciera que aquí, el lema local que algunos pretenden imponer es que: El presente es el dinero. Insensible desfachatez ¿Faltará mucho para que ese lema aparezca en remeras de nuestra localidad?

Alejandro Barzi -Vecino de El Hoyo-


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